Nuestro verano 2016. Ser feliz

A medida que pasa el tiempo me voy dando cuenta de la insatisfacción innata con la que vive el hombre. Una vez oí decir a un buen amigo sacerdote, que así será hasta que lleguemos a la Vida Eterna. Nunca somos del todo felices con lo que tenemos. Siempre queremos más. Otra camisa, otro reloj, otro coche, otra casa… Y así, se entra en un bucle, sin más razón que el hecho de cambiar. Nunca estamos contentos del todo con lo que tenemos. Siempre hay un pero.

Creo que una de las claves de la felicidad está en aceptar y disfrutar de lo que uno tiene en cada instante. Ser feliz con ello.

El verano del 2015 fue una pasada. Primero disfrutamos de NY en plan novios, luego estuvimos en Medjugorje 15 días todos juntos, y para finalizar una semanita en Marriot-Málaga.

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Este verano por razones logísticas y económicas hemos estado a caballo entre Madrid y un pequeño pueblo de Ávila. Alquilamos una casa antigua arreglada en la que poder estar con los dos enanos sin pasar demasiado calor. Montamos nuestra piscinita con la que Santi ha disfrutado un montón, y además ha descubierto un montón de cosas nuevas: vacas, caballos, flores, tractores… El campo en definitiva, y ha sido muy bonito.

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Un día fue a dar de comer a unas vacas en el prado de su tío, otro recogió flores y moras para dárselas a mama (me lo como), también se subió a un remolque de un tractor (a Santi le flipa todo lo que tenga ruedas, así que, imaginaos).

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Estas han sido mis primeras vacaciones rurales y he de decir que contra todo pronóstico, lo echo de menos.

Reconozco que ha habido un par de ocasiones en las que he pensado que un plan alternativo hubiese sido mejor. Pero entonces me doy cuenta de que es una tentación, y no me dejo vencer por el síndrome del humano insatisfecho. Así que sonrío, cojo aire, respiro y disfruto del momento, aquí en los pies de Gredos. No podría haber un mejor ahora. El año que viene Dios dirá.

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Cortar el pelo a los niños. Fashion Kids

En mi familia tenemos la gran suerte de contar con una peluquera. Eso significa que para cada evento BBC no he tenido que preocuparme por pelus, ya que la tenía en casa, al igual que para cortes de pelo etc. Vamos, una pasada.

Con el paso de los años la familia ha ido aumentando y como es lógico, mayores y pequeños hemos tenido que ir buscando nuestra peluquería.

Cuando ha llegado el fatídico momento de cortar el pelo a los niños las he pasado canutas, porque lo cierto es que cortarlo en casa, en confianza y con mil personas ayudándote, es lo mejor.

Pero como digo, llegó un momento en que también tuve que buscar peluquería para Santi y entonces fue cuando di con “Fashion Kids”. Seguro que muchas la conocéis. Cuando me puse a buscar solución para la ‘peluca’ de Santi tenía claro que tenía que ser un lugar especializado en niños, con gente que estuviera más que acostumbrada a cortarles el pelo, porque lo de Santi con la tijera es de película.

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El primer contacto que tuvimos con ellos fue estupendo, y superó con creces mis expectativas, además de que el enano se portó bastante mejor de lo que esperaba. La peluquería está ambientada para que los niños se sientan lo más cómodos posible. Las sillas son cochecitos o aviones, tienen una pantalla delante para ponerles sus dibujos favoritos mientras les cortan el pelo y ‘que no lloren’, cuentan con una pequeña zona de juegos para la espera… Y además,¡al finalizar les hacen un pequeño regalo!

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Nosotros hemos ido un par de veces con Santi, y con Lucía. Sí, con Lucía también. Mis hijos tienen bastante pelo, y además, la tienda cuenta con el corte ‘ mis primeros pelillos’ que nos vino fenomenal para dejar a la peque a punto para su bautizo en abril.

Una cosa que me pareció súper graciosa, es que el primer día que acudes con el niño te hacen un pequeño diploma para el recuerdo.

Además también podéis comprar un montón de complementos específicos para los más pequeños: champús, gominas, diademas…. Yo ya me hice con un arsenal de lacitos para la pequeña.

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La verdad es que no es lo más barato del mundo. Pero tampoco es carísimo y teniendo en cuenta la dificultad que presenta cortar el pelo a los niños, yo creo que compensa más que de sobra.

¡Feliz comienzo de semana! Os dejo con Bruce:

Ser madre joven

Pero…. ¿cuantos años tienes? No falla. Al menos una vez al mes es la pregunta que más me hacen desde hace unos 4 años.

Recuerdo que al hacerme la prueba del vestido de novia la señora de la firma estaba un poco alucinada y no fue hasta la segunda visita cuando se atrevió a preguntar. – ’24’  -respondí. – Sí, si se te ve jovencita, pero es que ¡pareces aún más joven!

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Casarse joven es súper raro hoy en día. Tener hijos más. Cuando estuve de prácticas en paritario la media de edad no bajaba de 33 años, y ya entonces me llamó mucho la atención. Había mujeres que eran mamás por primera vez con 37 ó 38 años. Recuerdo que me parecía alucinante, pero ahora que yo soy madre, la verdad es que me parecen unas valientes, porque yo con 27 años que tengo me las veo y me las deseo para hacerme con los dos niños que tengo.

De todas formas, soy consciente de que mi caso es un poco excepcional. Lo normal en nuestra sociedad no es casarse, y mucho menos tan joven, y tampoco lo es tener hijos, y muchísimo menos tan seguidos.

Hace unos meses fui a la farmacia con los dos enanos. Normalmente no suelo ir porque el acceso con carrito es malísimo, y con el gemelar es horrible. Pero no me quedaba otra. En lo que estaba allí, Santi lloró un par de veces porque quería bajarse de la silla para coger no sé qué, y a la niña tampoco le parecía muy buena idea estar sentada en el carro. Vamos, lo habitual.

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La chica que estaba en el mostrador, al cobrarme, me miró con una mezcla de pena y compasión y me dijo: –ánimo. No pude evitar echar una sonrisa. Pero, ¿tanta pena doy? Jaja  😆 

Estoy feliz con mis hijos. Son la mayor alegría que tengo en el mundo. Y además, son para siempre. No me han quitado nada y me han dado muchísimo. Con ellos no pierdo, siempre gano. Para ellos nunca me equivoco (al menos ahora 😉 ), siempre acierto. Una madre.

Estoy feliz de haberlos tenido tan joven. Disfruto de ellos muchísimo más que si tuviese 10 años más, tengo más energía, más vitalidad, más fuerzas…. Cualidades que necesitas por kilos cuando tienes niños tan pequeños.

No me arrepiento en absoluto de haberlos tenido tan joven, es más, creo que con el paso del tiempo lo valoraré muchísimo más de lo que lo hago ahora.

Los primeros años de los peques dicen que son los más duros. Lo corroboro. Llevo 21 meses de traca. 

Pero ¿sabéis que? Si echo la vista atrás, los momentos malos y de agobio total pasan. Creedme, los olvidas y ni te acuerdas (no así los del parto, eso de que te olvidas es una leyenda urbana… ya lo contaré en otro momento).

Y cuando llega de nuevo alguno de esos momentos, me paro (o al menos lo intento) y me digo:

Sonríe, coge aire y respira, serás madre toda la vida.

¡Feliz fin de semana! El mío suena así:

 

La luz de la fecundación

Hace unos días descubrí un vídeo que se está haciendo viral y que quiero compartir con vosotros.

El vídeo consiguió que me fascinara, aún más si cabe, el milagro que es la Vida, y lo absolutamente increíble que es tener un hijo, concebirlo y llevarlo durante 9 meses, tener vida dentro de nosotras. Qué maravilla y qué regalo poder decir que ésto es lo que ocurre en nuestro interior. ¡Qué misterio!

Gracias Iker por ser tan auténtico. Gracias por ser tan valiente.

Un día con mis dos bebés

Son las 7 de la mañana y suena el despertador, el digital. Si todo va bien (consigo despegarme de las sabanas de mi cama), me levanto dispuesta a ducharme y arreglarme para poder estar lista y así ocuparme de los niños antes de salir al trabajo.
Si por el contrario, son nuestros despertadores particulares los que nos despiertan, o el cansancio puede conmigo y no consigo levantarme a tiempo; voy con la lengua fuera intercalando desayunos de unos y otros, uniformes, mochilas y ducha para poder estar todos listos antes de salir de casa.

El momento salida de casa es la mayoría de las veces súper estresante. Santi lucha porque no quiere ponerse el abrigo y tampoco quiere sentarse en el carro (tiene 18 meses, nada fuera de lo normal). Y Lucía según el día, parece que no le mola mucho el carro, por lo que a veces me bajo en el ascensor con banda sonora de llantos incluida, que dura hasta que arranco el coche, porque lo de las sillas de automóvil tampoco les agrada mucho en un primer momento. Solo son las 09.30 de la mañana y me acuerdo de mi época de estudiante cuando a esas horas estaba absolutamente sopa sentada en clase….. ¡Cómo se puede tener tanta energía a esas horas, por Dios! De verdad, hay días que creo que voy a empezar a infartar.

La recogida de la guarde suele ser más complicada que cuando les dejo. Sentarse en el carro otra vez y en la silla del coche es algo así como una tortura china para ellos.

Al llegar a casa la cosa se calma un poco. Santi empieza a jugar, Lucía se entretiene en su alfombra… Pero por todos es sabido que los niños se cansan rápido de todo y reclaman tu atención. Santi para que juegues con él, y Lucía para que la cojas en brazos. Y además ahora que Santi llega a todos los pomos de las puertas, me pasó el día detrás de él para que no haya ningún accidente.

Llega la hora del baño. Si ha habido suerte y la niña se ha dormido, lo hago con más calma ya que no tengo banda sonora de fondo. Si no, os aseguro que creo que alguna vez me he notado alguna arritmia. Y digo más calmada, porque Santi se vuelve loco con el agua y aquello parece los fiordos del parque de atracciones.

Y cuando el príncipe ya está vestido toca bañar a Lucía, esta vez pendiente de que Santi no la lie en casa o no meta la mano en la bañera de su hermana hasta el codo, y entonces tenga que volver a vestirle.

Después de vestirles y de cenar (las cenas suelen ser fáciles) Santi se acuesta en su cuna y cae rendido con su conejito y el chupete.

A Lucía a veces le cuesta dormirse más, pero con la hamaca mágica o en los brazos de papá, cae en seguida.

Son las 22.20 h y parece que al fin puedo sentarme a…. Bueno, simplemente sentarme. Ya veré si es para descansar, cenar, leer, ver la tele….

24 horas maratonianas con 2 bebes desgastan hasta límites insospechados.
A estas horas de la noche, cuando entro en cualquier habitación es raro encontrar algo que esté en su lugar, o no pisar algún juguete que Santi haya decidido dejar ahí en medio.

Por la casa parece que ha pasado un tsunami y ha arrasado con todo aquello que ha podido. Mi marido suele decir que nuestro salón parece Vietnam.

Ahora es cuando puedo dedicar tiempo a recoger aquello que dije que recogería de la casa, poner un poco de orden en el salón, tender ropa, hacer comidas y cenas, repasar esas cosas pendientes del trabajo, continuar con el curso online que empecé, tocar un poco el blog, hablar con mi marido….

Ay, espera, parece que uno de los niños se está despertando…..

                                                                                                       ♥

Tener hijos es absolutamente agotador, es una entrega diaria 24/365. Dar la vida.

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