Estos días no hago más que acordarme de las palabras de nuestro amigo Nikola el verano pasado. Estábamos pasando unos días en Medjugorje y no sé si fueron tres o cuatro las veces que viví la siguiente escena.

Nikola sonriendo mientras observa a mi marido.

Maridín: – ¿Qué pasa?

Nikola: -Te vas a enterar -Se ríe

Maridín: -¿De qué?

Nikola:- Tener un hijo es como no tener ningún hijo. Con un hijo, uno de los dos siempre descansa. Con los dos es imposible. Te vas a enterar. –se sigue riendo

Y la que ahora se ríe soy yo, ¡pero por no llorar!  😉

Reconozco que desde el momento que me enteré que estaba embarazada, uno de mis principales miedo era cómo lo iba a hacer cuando me encontrase con dos bebés en casa. Con el paso de los meses llegué a la conclusión de que había muchas otras mujeres que habían pasado por esa situación y habían salido adelante, por lo que yo no sería menos.

Lucía llegaba a este mundo el 29 de diciembre de 2015 a las 13.15 horas. Tras un parto rápido y sencillo, que nada tenía que ver con el primero (ambos dos me dan para un post que supongo no tardaré en publicar), teníamos a la princesita en nuestros brazos.

la manita de lucia

Es un momento mágico, especial, indescriptible. Tuve la suerte de no separarme de ella en las siguientes 3 horas. Nuestro piel con piel se extiende aún al día de hoy, ya que en cuanto la pongo pegadita a mi pecho se tranquiliza un montón si está llorando, y en seguida cae dormida.

Ese mismo día Santi pudo conocer a la hermanita. Los abuelos trajeron al enano por la tarde al hospital para que se diera el encuentro. Nosotros estábamos bastante expectantes por ver cómo reaccionaría, pero la verdad es que en el hospital hizo caso omiso de Lucía, estaba bastante descolocado al dormir fuera de casa y estar separado de papá y mamá, y esa tarde ¡era puro nervio en el hospital!.

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A pesar de ser muy pequeño (solo 13 meses), notó el cambio en seguida al llegar a casa, estuvo muy serio los primeros días y a penas se acercaba al carrito. Pero lo cierto es que ya está muy hecho a esto de tener la hermanita; se acerca un montón a ella, la mece en la hamaca (bajo mi supervisión, claro, si no quiero que la niña salga catapultada), dice algo parecido a Lucía y una cosa que está ocurriendo desde hace unos días es que por la noche pide estar con ella en la cuna y le enseña sus cosas de la habitación. Lo confieso, me derrito.

Y ¿qué puedo decir de la princesita? Es una muñequita. Es muy buena, le gustan mucho los bracitos y tiene un poco de mamitis, pero ya aguanta del tirón unas 10 horas por la noche, y eso te da la vida, así que no me quejo.

La verdad es que creo que nos defendemos bastante bien con dos niños tan pequeños. Es cierto que es mucho más trabajo. Ahora tengo el doble de todo. Dos cunas, dos carros (gemelar incluido), dos sillas de coche, dos tipos de leche, dos tallas de pañales, el doble de toallitas, el doble de sueño, el doble de cansancio, el doble de falta de tiempo… Pero también más amor y más alegría. Y eso sí que es exponencial.

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Esta es la imagen que veo cada día al salir al trabajo

Estos días atrás comentaba en redes sociales que me parece mentira que ya seamos cuatro. Este 2016 hará 3 años que maridín y yo empezamos nuestra locura en común. Pues sabéis qué os digo, que a pesar los malos momentos, el cansancio, las noches sin dormir…. ¡bendita locura! Los hijos son la mayor alegría, y gracias a ellos, ahora somos cuatro.

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PD: ¡Hoy estrenamos cabecera en el blog! Lucía ya tiene su dibujín, de nuevo, obra de Fina la Endorfina. Mil gracias guapa!

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