Categoría: Maternidad

Ser madre joven

Pero…. ¿cuantos años tienes? No falla. Al menos una vez al mes es la pregunta que más me hacen desde hace unos 4 años.

Recuerdo que al hacerme la prueba del vestido de novia la señora de la firma estaba un poco alucinada y no fue hasta la segunda visita cuando se atrevió a preguntar. – ’24’  -respondí. – Sí, si se te ve jovencita, pero es que ¡pareces aún más joven!

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Casarse joven es súper raro hoy en día. Tener hijos más. Cuando estuve de prácticas en paritario la media de edad no bajaba de 33 años, y ya entonces me llamó mucho la atención. Había mujeres que eran mamás por primera vez con 37 ó 38 años. Recuerdo que me parecía alucinante, pero ahora que yo soy madre, la verdad es que me parecen unas valientes, porque yo con 27 años que tengo me las veo y me las deseo para hacerme con los dos niños que tengo.

De todas formas, soy consciente de que mi caso es un poco excepcional. Lo normal en nuestra sociedad no es casarse, y mucho menos tan joven, y tampoco lo es tener hijos, y muchísimo menos tan seguidos.

Hace unos meses fui a la farmacia con los dos enanos. Normalmente no suelo ir porque el acceso con carrito es malísimo, y con el gemelar es horrible. Pero no me quedaba otra. En lo que estaba allí, Santi lloró un par de veces porque quería bajarse de la silla para coger no sé qué, y a la niña tampoco le parecía muy buena idea estar sentada en el carro. Vamos, lo habitual.

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La chica que estaba en el mostrador, al cobrarme, me miró con una mezcla de pena y compasión y me dijo: –ánimo. No pude evitar echar una sonrisa. Pero, ¿tanta pena doy? Jaja  😆 

Estoy feliz con mis hijos. Son la mayor alegría que tengo en el mundo. Y además, son para siempre. No me han quitado nada y me han dado muchísimo. Con ellos no pierdo, siempre gano. Para ellos nunca me equivoco (al menos ahora 😉 ), siempre acierto. Una madre.

Estoy feliz de haberlos tenido tan joven. Disfruto de ellos muchísimo más que si tuviese 10 años más, tengo más energía, más vitalidad, más fuerzas…. Cualidades que necesitas por kilos cuando tienes niños tan pequeños.

No me arrepiento en absoluto de haberlos tenido tan joven, es más, creo que con el paso del tiempo lo valoraré muchísimo más de lo que lo hago ahora.

Los primeros años de los peques dicen que son los más duros. Lo corroboro. Llevo 21 meses de traca. 

Pero ¿sabéis que? Si echo la vista atrás, los momentos malos y de agobio total pasan. Creedme, los olvidas y ni te acuerdas (no así los del parto, eso de que te olvidas es una leyenda urbana… ya lo contaré en otro momento).

Y cuando llega de nuevo alguno de esos momentos, me paro (o al menos lo intento) y me digo:

Sonríe, coge aire y respira, serás madre toda la vida.

¡Feliz fin de semana! El mío suena así:

 

La luz de la fecundación

Hace unos días descubrí un vídeo que se está haciendo viral y que quiero compartir con vosotros.

El vídeo consiguió que me fascinara, aún más si cabe, el milagro que es la Vida, y lo absolutamente increíble que es tener un hijo, concebirlo y llevarlo durante 9 meses, tener vida dentro de nosotras. Qué maravilla y qué regalo poder decir que ésto es lo que ocurre en nuestro interior. ¡Qué misterio!

Os dejo el link a la noticia para que veáis el video.

Gracias Iker por ser tan auténtico. Gracias por ser tan valiente.

Un día con mis dos bebés

Son las 7 de la mañana y suena el despertador, el digital. Si todo va bien (consigo despegarme de las sabanas de mi cama), me levanto dispuesta a ducharme y arreglarme para poder estar lista y así ocuparme de los niños antes de salir al trabajo.
Si por el contrario, son nuestros despertadores particulares los que nos despiertan, o el cansancio puede conmigo y no consigo levantarme a tiempo; voy con la lengua fuera intercalando desayunos de unos y otros, uniformes, mochilas y ducha para poder estar todos listos antes de salir de casa.

El momento salida de casa es la mayoría de las veces súper estresante. Santi lucha porque no quiere ponerse el abrigo y tampoco quiere sentarse en el carro (tiene 18 meses, nada fuera de lo normal). Y Lucía según el día, parece que no le mola mucho el carro, por lo que a veces me bajo en el ascensor con banda sonora de llantos incluida, que dura hasta que arranco el coche, porque lo de las sillas de automóvil tampoco les agrada mucho en un primer momento. Solo son las 09.30 de la mañana y me acuerdo de mi época de estudiante cuando a esas horas estaba absolutamente sopa sentada en clase….. ¡Cómo se puede tener tanta energía a esas horas, por Dios! De verdad, hay días que creo que voy a empezar a infartar.

La recogida de la guarde suele ser más complicada que cuando les dejo. Sentarse en el carro otra vez y en la silla del coche es algo así como una tortura china para ellos.

Al llegar a casa la cosa se calma un poco. Santi empieza a jugar, Lucía se entretiene en su alfombra… Pero por todos es sabido que los niños se cansan rápido de todo y reclaman tu atención. Santi para que juegues con él, y Lucía para que la cojas en brazos. Y además ahora que Santi llega a todos los pomos de las puertas, me pasó el día detrás de él para que no haya ningún accidente.

Llega la hora del baño. Si ha habido suerte y la niña se ha dormido, lo hago con más calma ya que no tengo banda sonora de fondo. Si no, os aseguro que creo que alguna vez me he notado alguna arritmia. Y digo más calmada, porque Santi se vuelve loco con el agua y aquello parece los fiordos del parque de atracciones.

Y cuando el príncipe ya está vestido toca bañar a Lucía, esta vez pendiente de que Santi no la lie en casa o no meta la mano en la bañera de su hermana hasta el codo, y entonces tenga que volver a vestirle.

Después de vestirles y de cenar (las cenas suelen ser fáciles) Santi se acuesta en su cuna y cae rendido con su conejito y el chupete.

A Lucía a veces le cuesta dormirse más, pero con la hamaca mágica o en los brazos de papá, cae en seguida.

Son las 22.20 h y parece que al fin puedo sentarme a…. Bueno, simplemente sentarme. Ya veré si es para descansar, cenar, leer, ver la tele….

24 horas maratonianas con 2 bebes desgastan hasta límites insospechados.
A estas horas de la noche, cuando entro en cualquier habitación es raro encontrar algo que esté en su lugar, o no pisar algún juguete que Santi haya decidido dejar ahí en medio.

Por la casa parece que ha pasado un tsunami y ha arrasado con todo aquello que ha podido. Mi marido suele decir que nuestro salón parece Vietnam.

Ahora es cuando puedo dedicar tiempo a recoger aquello que dije que recogería de la casa, poner un poco de orden en el salón, tender ropa, hacer comidas y cenas, repasar esas cosas pendientes del trabajo, continuar con el curso online que empecé, tocar un poco el blog, hablar con mi marido….

Ay, espera, parece que uno de los niños se está despertando…..

                                                                                                       ♥

Tener hijos es absolutamente agotador, es una entrega diaria 24/365. Dar la vida.

Y ahora somos cuatro

Estos días no hago más que acordarme de las palabras de nuestro amigo Nikola el verano pasado. Estábamos pasando unos días en Medjugorje y no sé si fueron tres o cuatro las veces que viví la siguiente escena.

Nikola sonriendo mientras observa a mi marido.

Maridín: – ¿Qué pasa?

Nikola: -Te vas a enterar -Se ríe

Maridín: -¿De qué?

Nikola:- Tener un hijo es como no tener ningún hijo. Con un hijo, uno de los dos siempre descansa. Con los dos es imposible. Te vas a enterar. –se sigue riendo

Y la que ahora se ríe soy yo, ¡pero por no llorar!  😉

Reconozco que desde el momento que me enteré que estaba embarazada, uno de mis principales miedo era cómo lo iba a hacer cuando me encontrase con dos bebés en casa. Con el paso de los meses llegué a la conclusión de que había muchas otras mujeres que habían pasado por esa situación y habían salido adelante, por lo que yo no sería menos.

Lucía llegaba a este mundo el 29 de diciembre de 2015 a las 13.15 horas. Tras un parto rápido y sencillo, que nada tenía que ver con el primero (ambos dos me dan para un post que supongo no tardaré en publicar), teníamos a la princesita en nuestros brazos.

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Es un momento mágico, especial, indescriptible. Tuve la suerte de no separarme de ella en las siguientes 3 horas. Nuestro piel con piel se extiende aún al día de hoy, ya que en cuanto la pongo pegadita a mi pecho se tranquiliza un montón si está llorando, y en seguida cae dormida.

Ese mismo día Santi pudo conocer a la hermanita. Los abuelos trajeron al enano por la tarde al hospital para que se diera el encuentro. Nosotros estábamos bastante expectantes por ver cómo reaccionaría, pero la verdad es que en el hospital hizo caso omiso de Lucía, estaba bastante descolocado al dormir fuera de casa y estar separado de papá y mamá, y esa tarde ¡era puro nervio en el hospital!.

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A pesar de ser muy pequeño (solo 13 meses), notó el cambio en seguida al llegar a casa, estuvo muy serio los primeros días y a penas se acercaba al carrito. Pero lo cierto es que ya está muy hecho a esto de tener la hermanita; se acerca un montón a ella, la mece en la hamaca (bajo mi supervisión, claro, si no quiero que la niña salga catapultada), dice algo parecido a Lucía y una cosa que está ocurriendo desde hace unos días es que por la noche pide estar con ella en la cuna y le enseña sus cosas de la habitación. Lo confieso, me derrito.

Y ¿qué puedo decir de la princesita? Es una muñequita. Es muy buena, le gustan mucho los bracitos y tiene un poco de mamitis, pero ya aguanta del tirón unas 10 horas por la noche, y eso te da la vida, así que no me quejo.

La verdad es que creo que nos defendemos bastante bien con dos niños tan pequeños. Es cierto que es mucho más trabajo. Ahora tengo el doble de todo. Dos cunas, dos carros (gemelar incluido), dos sillas de coche, dos tipos de leche, dos tallas de pañales, el doble de toallitas, el doble de sueño, el doble de cansancio, el doble de falta de tiempo… Pero también más amor y más alegría. Y eso sí que es exponencial.

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Esta es la imagen que veo cada día al salir al trabajo

Estos días atrás comentaba en redes sociales que me parece mentira que ya seamos cuatro. Este 2016 hará 3 años que maridín y yo empezamos nuestra locura en común. Pues sabéis qué os digo, que a pesar los malos momentos, el cansancio, las noches sin dormir…. ¡bendita locura! Los hijos son la mayor alegría, y gracias a ellos, ahora somos cuatro.

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PD: ¡Hoy estrenamos cabecera en el blog! Lucía ya tiene su dibujín, de nuevo, obra de Fina la Endorfina. Mil gracias guapa!

Sello de Calidad: Dodot Activity no cuelga

Retomo la conexión con el blog participando en un sorteo que organizan Madresfera y Dodot para presentar los nuevos pañales Dodot Activity.

Estos pañales gracias a su nuevo sistema de Tubos Ultra-Absorbentes distribuyen de tal forma la humedad que permiten que el pañal a penas se mueva y permanezca prácticamente seco.

Para comprobarlo, Madresfera nos hizo llegar un paquete con todo lo necesario para realizar el experimento en casa, y éste fue el resultado.

Como veis en la foto, a la izquierda colocamos el pañal antiguo Dodot Activity, y a la derecha el nuevo, y además preparamos un par de vasos con agua con colorante para ver mejor el efecto.

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Tras echar el agua en ambos pañales esperamos 3 minutos para comprobar el resultado y una vez pasado el tiempo pudimos notar bastante diferencia entre uno y otro, y es que el nuevo ¡a penas estaba húmedo!

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Al cortar los pañales por la mitad comprobamos cómo el nuevo sistema de tubos del Dodot Activity permite que nuestros hijos estén secos durante mucho más tiempo.

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Y hasta aquí el experimento.

Lo cierto es que no pudimos comprobarlo en persona con los niños, ya que debido a un error técnico (culpa mía), recibimos una talla de pañales equivocada. Pero tras ver el fantástico resultado del experimento no dudaremos en hacernos con ellos en la próxima compra, y además, ¡esperamos ser los ganadores del sorteo!  😉

Como experiencia personal diré que desde el tercer mes de mi primer hijo hemos usado casi siempre pañales de una marca blanca. Cuando se hizo un poco más mayor y empezó a aguantar más horas durmiendo por la noche, decidimos probar con los Dodot azul de toda la vida ya que se despertaba mojado y fue mano de santo. Es impresionante la diferencia que hay. Y lo cierto es que con este experiemento he vuelto a comprobar que ¡Dodot no cuelga!

PD: Nunca he sido muy manitas, y aquí podéis comprobar cómo se me quedo la mano de colorante después del experimento. ¡Vaya manazas!, nunca mejor dicho.  😀

experimento dodot 4

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