¡Buenos dias!

Trabajando en nuevos post, me encontré con éste que no salió a la luz hace más de dos años. Estaba cabreada cuando lo escribí. Ya no me acordaba, pero al releerlo he decidido publicarlo porque “la jugada” no tiene desperdicio. Como en todo, al final una aprende que lo que opine la gente no importa mucho y hay que hacer oídos sordos más de vez en cuando. Aunque una cosa es cierta, en el tema de los hijos, parece que todo el mundo cree tener voz y voto.

Lo cierto es que desde que nació Javier no he tenido casi comentarios negativos… quizá es que la gente ya me ha dado por perdida.  😉

¡Os dejo con el post!

¿Qué le pasa a la gente? No, en serio, ¿qué les pasa? Siento volver de nuevo al blog de esta manera, pero es que después de la anécdota de ayer necesitaba escribir esta entrada.

Como ya conté en el ultimo post, estamos esperando la llegada de nuestro segundo hijo, ¡la pequeña Lucía!, que se llevará 13 meses con su hermano. Sí, lo sé, muy pequeños los dos. Me imagino que cada uno tendrá sus propias opiniones, y yo las respeto, al igual que pido que se tenga ese mismo respeto conmigo.

Desde que sé que estoy embarazada ha habido cantidad, infinitos diría yo, de comentarios nada acertados con respecto al tema, que además de que pueden llegar a ser dañinos, la gente te los suelta a la cara y se quedan tan a gusto, sentenciando la conversación, y (me imagino) pensando que tienen todo el derecho del mundo a hacerte un comentario así respecto a un tema tan delicado.

Aún me sigo preguntando cómo se puede tener tan poco respeto y educación, porque la verdad, yo entiendo que la gente piense y comente lo que sea, pero que se tenga la desfachatez de decírtelo a la cara, y (esto ya es el colmo) con tono jocoso como si fuera una broma…

Ayer era un domingo cualquiera en casa de los abuelos, y después de comer mientras los hombres veían el fútbol, mi madre y yo nos fuimos a dar un paseo al parque con Santi. Ya os conté un poquito acerca de ella en la primera entrega de Supermamás Sin Superpoderes. Mientras dábamos ese paseo nos encontramos con unas conocidas, que en seguida se pararon para conocer al peque. Cuando me vieron con la tripa total la escena fue la siguiente:

-Conocida 1: ¿cómo?, ¿Qué ya tienes otro? – dice señalándome la tripa

-Servidora: Sí.

-Conocida 1: ¡Ay! ¡Que vas a ser peor que tu madre!

No solo tiene la poca vergüenza de soltarme semejante bomba, sino que lo hace delante de mi señora madre, metiéndola en el tinglao. Además, ¿peor de qué? Es de esas veces que una vez que llegas a casa, analizas la situación otra vez y te dan ganas de soltarle 4 cositas a la buena señora. Pero de verdad, en ese momento me quedé tan alucinada que no supe reaccionar.

Un segundo, que la escena sigue.

-Conocida 2: anda, ¿y esta vez qué va a ser?

-Servidora: una niña.

-Conocida 2: ah, bueno. Pues entonces qué bien, ya está.

Ya está ¿qué? Y si hubiese sido niño, ¿qué mal?

La verdad, no es lo primero que me dicen, y seguramente no será lo último, pero he de reconocer que el hecho de que metieran a mi madre en el ajo me dolió. Además no entiendo por qué sobre este tema en concreto la gente se toma la libertad de darte su opinión sin habérsela pedido.

Tener hijos es algo personal e íntimo, que sólo la pareja debe decidir, hablar y opinar.

Creo que después de 9 meses esperando el segundo, SI ALGUN DIA TENGO UN TERCERO, y alguien me suelta alguna de sus perlitas no dudaré en contestar, a pesar de quedar como una borde.

¿Alguien detrás de la pantalla a la que le haya pasado algo similar?

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